jueves, 29 de enero de 2015

Más allá de la distopía | Por Víctor Roberto Carrancá




El escritor Víctor Roberto Carrancá (El espejo del solitario, 2014) regresa a su columna mensual, Sizigias y cuadraturas lunares, en la Revista Crítica, con un texto en el que describe sus impresiones de Iden­ti­dad sus­pendida, novela de ciencia ficción de Sergio Alejandro Amira, escritor chileno, y para el cual utilizó una de mis fotografías, convirtiéndome en "modelo cienciaficcional".

Transcribiré algunos párrafos del texto, que pueden leer completo directamente en la Revista Crítica, en el siguiente enlace.



Más allá de la distopía | Por Víctor Roberto Carrancá


Sus­pender la real­i­dad. Sus­pender la real­i­dad. Sus­pender las cir­cun­stan­cias que impi­den desmem­brarla y, con ello, com­pren­der las posi­bil­i­dades de una lit­er­atura sin ataduras.

Es difí­cil iden­ti­ficar las condi­ciones que per­miten difer­en­ciar la cien­cia fic­ción lati­noamer­i­cana de esa otra canónica (den­tro de un sis­tema anti­canónico), de ori­gen primer­mundista. En ese sen­tido, la distopía se ha con­ver­tido en un sub­género que encuen­tra una vastedad temática en nue­stro ámbito ter­ri­to­r­ial, no solo por per­mi­tir una crítica velada a los sis­temas políti­cos, sino tam­bién porque reprocha las solu­ciones ide­ológ­i­cas planteadas para reparar los errores de los primeros. Su doble dis­curso ter­mina por der­ro­tar el pos­tu­lado de la lejanía utópica (que dice, en pocas pal­abras, que el mundo per­fecto existe, aunque no sea aquí ni ahora) para aprox­i­mar una real­i­dad anti-utópica.

Una de mis primeras incur­siones a la cien­cia fic­ción chilena (difí­cil aprox­i­mación desde tier­ras mex­i­canas) me per­mi­tió cono­cer un claro ejem­plo de esta dis­quisi­ción filosó­fica: me refiero a Los altísi­mos, nov­ela del chileno Hugo Cor­rea que narra la his­to­ria de un hom­bre que despierta, al pare­cer, en el sub­mundo de la Tierra, para des­cubrir la exis­ten­cia de una galaxia que se aloja, aparente­mente, en el inte­rior de nue­stro hogar. La sociedad en Cronn (nom­bre que lleva este sis­tema intra­plan­e­tario) se rige por un desar­rollo tec­nológico sin prece­dentes, así como el de un sis­tema social per­fecto (basado en la lim­itación de las rela­ciones per­son­ales) que nos recuerda a los mun­dos crea­dos por Hux­ley o, antes que él, por el médico yucateco Eduardo Urzaíz en una de las primeras nov­e­las de CF mex­i­cana: Euge­nia: esbozo nov­e­l­e­sco de cos­tum­bres futuras (1919).

Algo sim­i­lar sucede con las pági­nas de Iden­ti­dad sus­pendida, nov­ela del chileno Ser­gio Ale­jan­dro Amira, quien, a través de los tópi­cos más con­ven­cionales de la CF (el viaje en el tiempo, la super­posi­ción de dimen­siones, la vig­i­lan­cia aliení­gena, los autó­matas) crea un col­lage de crítica adusta y, en igual man­era, pla­gado de un humor negro que rara vez se explota con tanta efu­sivi­dad en el género.

(...) la lóg­ica ami­rana, man­i­fi­esta en el salto de ideas, memo­rias e hipóte­sis de Vicen­tico, su pro­tag­o­nista, se trans­forma en un juego diver­tido que a veces nos recuerda a las con­ver­sa­ciones entre el Som­brero Loco y la Liebre Marcera de Lewis Car­roll (dis­péns­ese la causal­i­dad para que este autor siem­pre encuen­tre una ref­er­en­cia car­rol­liana; pero lo cierto es que el autor de Iden­ti­dad sus­pendida mez­cla lo que podría ser hard sci­ence fic­tion con el absurdo y el sin sen­tido exis­ten­cial de Won­der­land) y, en otras, a la para­noia exis­ten­cial, tra­ducida en com­plots de dimen­siones inimag­in­ables, de Philip K. Dick.

Si quisiéramos resumir, de algún modo, la trama de Iden­ti­dad sus­pendida, podría decirse que la nov­ela narra la his­to­ria de Vicen­tico, un agente de “La Com­pañía” a quien, durante un aten­tado, le ha sido extraído el nódulo akhásico, especie de parásito que per­mite descar­gar infor­ma­ción de la memo­ria colec­tiva de los agentes. Junto con un GAP (Guer­rero Autó­mata Per­son­al­izado) de nom­bre Gabriel, Vicen­tico comen­zará a dis­cernir los ver­daderos alcances (y obje­tivos) de esta omi­nosa institución.

Iden­ti­dad sus­pendida puede ser, por acudir a alguna aso­ciación cin­e­matográ­fica, una his­to­ria dirigida por el Cronem­berg de Naked Lunch o Exis­tenz. Los agentes de “La Com­pañía” igual pueden trans­for­marse en ciem­piés que el pro­tag­o­nista en un ñandú, durante una per­se­cu­ción poli­ci­aca. Y aquí el meollo del asunto: la para­noia uni­ver­sal encuen­tra una man­i­festación a través del rompimiento de la línea argu­men­tal con­ven­cional. Los com­plots y las intri­gas (reales o imag­i­nar­ias) van sumán­dose hasta con­struir muros infran­que­ables. La trama no se ciñe solo a una posi­bil­i­dad dis­cur­siva, sino que fluc­túa entre la pres­en­cia de autó­matas, saltos dimen­sion­ales, implanta­ciones de memo­ria y demás tópi­cos que iden­ti­f­i­can a la cien­cia fic­ción global solo que, en este caso, trans­fig­u­ran las estruc­turas nar­ra­ti­vas con­ven­cionales. Si este exper­i­mento resulta “bueno” o “malo” (en un nivel más moral que crítico), en todo caso podremos citar lo que alguno de los per­son­ajes comenta den­tro de la his­to­ria: “¿existe tal cosa como la buena cien­cia ficción?”.




Fotografía: Ale­jan­dro Zetina Mod­elo: Lola Ancira

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